

En 2013, cuando publicamos la primera versión de este artículo, las redes sociales eran un experimento que las empresas empezaban a tomar en serio. Facebook acababa de salir a bolsa. Twitter marcaba la agenda informativa. Instagram llevaba dos años con filtros de fotos. WhatsApp estaba desplazando los SMS. Y TikTok, directamente, no existía.
El acceso era mayoritariamente desde ordenador. El smartphone no era omnipresente. Tener página de empresa en Facebook se consideraba "hacer marketing digital".
Lo que ocurrió desde entonces no fue una evolución progresiva: fue una ruptura. Las redes sociales dejaron de ser un canal de comunicación adicional para convertirse en infraestructura cotidiana. Y en Cataluña, ese proceso ha seguido un ritmo especialmente intenso.
El crecimiento de usuarios en Cataluña ha sido constante y ha ido contracorriente respecto a algunas tendencias del resto del Estado. Mientras en España el número de usuarios en redes descendía en 2024, Cataluña pasó de 6,1 millones de usuarios en 2023 a 6,4 millones en 2024, según el segundo estudio elaborado por IMAGINA en colaboración con el Col·legi de Màrqueting i la Comunicació de Catalunya.
Ese dato tiene contexto: Cataluña se sitúa entre las regiones europeas con mayor penetración digital, alineada con mercados del norte y el oeste del continente que históricamente han liderado la adopción de estas plataformas.
El tiempo de uso también creció. Los catalanes pasan de media 2,3 horas diarias en redes sociales, por encima de la media española y europea. Y la brecha generacional es significativa: los jóvenes de 16 a 30 años superan las 3 horas diarias, mientras que los mayores de 66 años dedican en torno a 1,6 horas. No son usuarios pasivos: son usuarios activos, frecuentes y con hábitos bien establecidos.
Las plataformas que han crecido en Cataluña son WhatsApp, Instagram, TikTok y LinkedIn. Las que han perdido usuarios son Facebook y X (antes Twitter). El desplazamiento generacional de plataformas se ve con claridad: Instagram pasó del 57% de penetración en 2023 al 63% en 2025, mientras Facebook bajó del 38% al 35%, según la Encuesta Longitudinal del Centre d'Estudis d'Opinió (CEO) de la Generalitat de Catalunya.
Aquí está el cambio más relevante de la última década, y el que más cuesta interiorizar desde una perspectiva de negocio.
En 2013, las redes sociales eran un espacio que la gente visitaba. Un destino. Se entraba, se miraba, se salía. El resto de la vida ocurría fuera de pantalla.
Hoy esa separación no existe. Las redes están integradas en la rutina diaria de forma tan natural como el transporte o los medios de pago. Se consultan al despertar, durante las comidas, en el transporte público, antes de dormir. Son el canal por el que llega la información, el entretenimiento, las recomendaciones de compra, el contacto con marcas y el acceso a noticias.
El dato del CEO es elocuente: solo el 14% de los catalanes afirma no usar ninguna red social. El 86% restante las tiene integradas en su día a día. Y el estudio de IAB Spain 2026 confirma que el usuario medio en España ya utiliza 7,2 redes sociales al mes, frente a las 5,3 de 2025. No es que haya más oferta: es que la adopción se ha diversificado.
En Cataluña, cada usuario utiliza de media tres redes al día. Los más jóvenes llegan a cinco. No como entretenimiento puntual, sino como entorno habitual de consumo, conversación y decisión.
Este cambio tiene una implicación directa para las marcas: ya no se trata de "estar en redes". Se trata de estar presente en un espacio donde los clientes viven parte de su vida, y hacerlo de forma coherente con cómo funciona ese espacio.
El 97% de los usuarios en España usa las redes con fines de entretenimiento, según IAB Spain 2026. El 81% para interactuar. El 77% para informarse. El entretenimiento ha ganado peso cada año como motivación principal, y ese dato marca cómo deben orientarse los contenidos.
En Cataluña hay un elemento adicional que no aparece en los datos nacionales: el uso del catalán en redes sociales. La Enquesta d'Usos Lingüístics de la Població de Catalunya confirma que el 67,1% de los usuarios utiliza el catalán en redes con cierta regularidad. Instagram es la única red en la que los catalanohablantes tienen mayor penetración que los castellanohablantes, por un margen de dos puntos.
Esto no es un dato menor para las marcas con presencia en el mercado catalán. La lengua en la que se comunica una marca en redes es una decisión de posicionamiento, no solo de alcance.
Las redes no son solo un lugar donde la gente se entretiene. Son el punto donde se forman las opiniones de compra, se descubren productos y se generan transacciones. Y en Cataluña, los datos de uso confirman que ese papel comercial está completamente consolidado.
El 84% de los usuarios en Cataluña ha comprado algún producto o servicio a través de redes sociales en el último mes, según el estudio IMAGINA 2024. Instagram y TikTok lideran ese fenómeno, impulsadas por los algoritmos de recomendación y la influencia de los creadores de contenido.
A nivel de todo el Estado, el 54% de los usuarios utiliza las redes para buscar información antes de realizar una compra online, y el 44% reconoce que las redes han influido en su decisión final. En la Generación Z, esa cifra sube al 56%.
Esto tiene consecuencias concretas para cualquier negocio con presencia digital:
La visibilidad en redes ya es parte del funnel de compra. Un cliente que no te encuentra en Instagram o LinkedIn no es que no te compre: es que directamente no te considera. Las redes funcionan como un primer filtro de credibilidad antes de que el cliente llegue a tu web.
El contenido tiene que encajar con el modo de consumo, no interrumpirlo. El 40% de los usuarios considera útil y relevante la publicidad en redes, pero solo el 23% acepta contenidos personalizados. Los formatos que funcionan son los que se parecen al contenido orgánico: videos cortos, demostraciones de producto, testimonios reales, presencia de personas.
Cada plataforma tiene un rol diferente en el proceso de decisión. Instagram lidera como canal de descubrimiento e inspiración. LinkedIn funciona para el entorno profesional y B2B, y según IAB Spain 2026 ya es la segunda plataforma más utilizada a nivel comercial entre los profesionales. TikTok acelera el descubrimiento de producto en segmentos jóvenes. WhatsApp, con un 94% de penetración mensual, es el canal de atención y fidelización más efectivo que existe hoy.
La inversión publicitaria ha rotado. Instagram concentra casi la mitad de la inversión publicitaria entre los profesionales del sector en 2026. Facebook ha cedido ese liderazgo. YouTube mantiene su posición como plataforma de consumo de video. TikTok sigue escalando en el ranking de inversión.
El orgánico no basta. El alcance orgánico en redes ha caído de forma estructural en todos los algoritmos. Las plataformas son modelos de negocio publicitario. Sin inversión paid, la visibilidad se reduce a la audiencia propia y a la viralidad, que no se puede planificar. La combinación orgánico-paid es el estándar, no la excepción.
Para las pymes catalanas, la conclusión práctica es que no se trata de estar en todas las plataformas, sino de estar bien en las que utilizan sus clientes. Con criterio, con consistencia y con presupuesto suficiente para hacer que la presencia genere retorno.
La inteligencia artificial lleva años operando dentro de las redes sociales. Los algoritmos que deciden qué contenido aparece en el feed de cada usuario son, desde hace tiempo, sistemas de IA entrenados para maximizar el tiempo de atención. Pero en 2025 y 2026, la IA entró en la propia producción de contenido, y eso ha cambiado las reglas.
El 87% de los usuarios en España considera imprescindible etiquetar el contenido generado por IA, según IAB Spain 2026. La demanda de transparencia sobre el origen del contenido es real y crece. Para las marcas que producen con IA, ya no es solo una cuestión de regulación: es un factor de confianza.
Lo que está ocurriendo en 2026 es una paradoja. Las herramientas de IA han bajado el coste de producción de contenido, lo que ha aumentado el volumen total de lo que se publica en redes. Y precisamente por eso, los algoritmos han empezado a penalizar el contenido 100% artificial y a premiar la autenticidad: los videos sin filtros, los formatos "lo-fi", las personas reales hablando a cámara, los microinfluencers locales con comunidades pequeñas pero comprometidas.
No es que la IA no funcione. Es que cuando todo el mundo usa las mismas herramientas para producir lo mismo, la diferenciación vuelve a estar en lo humano.
Para los próximos años, el escenario apunta en tres direcciones:
La IA como decisora del contenido, no solo como herramienta de producción. Los algoritmos de 2026 ya analizan señales complejas como el tiempo real de atención, la calidad de la interacción, la afinidad temática o el comportamiento previo del usuario. Ya no compiten por publicar más: compiten por entender mejor cómo funciona el sistema de recomendación de cada plataforma.
El social commerce integrado. TikTok Shop se expande. Instagram y Pinterest desarrollan funciones de compra cada vez más nativas. El usuario que descubre un producto en video y lo compra sin salir de la aplicación es ya una realidad en mercados del norte de Europa y Asia, y llegará con más fuerza al mercado catalán en los próximos años.
La búsqueda en redes como alternativa a los buscadores. Una parte creciente de la Generación Z ya busca en TikTok e Instagram antes que en Google. Eso tiene implicaciones directas para el SEO, para la presencia en redes y para cómo una marca gestiona su visibilidad en el entorno digital.
IAB Spain publicó el estudio de 2026 hace apenas días. El año que viene habrá nuevas cifras. Alguna plataforma habrá subido, otra perderá relevancia, y probablemente habrá formatos nuevos que hoy apenas existen.
Lo que no cambia es la lógica de fondo: las redes sociales son el espacio donde los catalanes pasan una parte importante de su día, donde se forman las opiniones sobre marcas y productos, y donde se toman decisiones de compra. Estar ahí con criterio, coherencia y estrategia no es opcional para un negocio que quiera crecer en el entorno digital actual.
Si llevas tiempo sin revisar cómo tu empresa trabaja las redes, los datos de 2025 y 2026 son un buen punto de partida para hacerlo. No para estar en todas partes, sino para priorizar dónde tiene sentido invertir.
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